pablo iglesias
Las mentiras de Iglesias
La nueva forma de hacer la política. Esa que se ha puesto de marcha con Podemos, parece que no tiene nada de nuevo y que todo huele a viejo. Apenas hace unos días que el ex Ministro de Agricultura y actual parlamentario europeo, el señor Cañete, nos sorprendía con una serie de datos económicos que había ocultado ante la institución del Parlamento Europeo. Un poco más tarde, Pablo Iglesias, ocultaba sus distintas retribuciones como colaborador de televisión y politólogo que asesoró a distintos gobierno latinoamericanos. Miren ustedes por donde, se ha vuelto a repetir lo que ya conocemos.
Es difícil, lo decía Weber, mantener un equilibrio entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad, o entre las ideas políticas y la lógica científica. Iglesias, que es politólogo como el arribafirmante, debería saberlo y más siendo miembro del ámbito académico. Como docto en la materia, debe reconocer que la ley de la oligarquía de hierro de Michels, siempre se cumple y que una tiranía invisible -promovida por una minoría- con todas sus nefastas consecuencias se acaba imponiendo en cualquier partido político. Esta es una ley de la Ciencia Política a la que nadie puede escapar como nadie puede liberarse de la fuerza de la gravedad. Por eso, la “nueva política” huele a “vieja política”, a casta o como él quiera llamarlo. Sin embargo, afirmar eso a los desesperados y las desesperadas que le votan es algo muy duro para estas personas y muy dañiño para el crecimiento de su clientela electoral.
No se puede utilizar la cátedra para exponer tus convicciones políticas, traicionando la lógica de la responsabilidad para con la ciencia humana. Dicho de otra forma, Iglesias, Monedero y Errejón han cometido ese error que cometen otros tantos docentes de Ciencias Sociales que es usar el pulpito universitario como una tribuna política. El mismo discurso de sus ideas políticas está presente en sus artículos científicos y en sus columnas, en sus clases en la Complutense y en su asistencia a las tertulias de televisión. Un politólogo vomitando sobre su propia creación. Eso es la cúpula de Podemos.
Iglesias en la política partidista
La gran sorpresa de estas elecciones ha sido la irrupción de Podemos con cinco eurodiputados. Literalmente, han conseguido en cuatro meses lo que a Izquierda Unida le ha costado ocho años o más de trabajo político. Llueve rápida y constante mucha información, de seguidores y detractores, sobre el programa de este partido o «movimiento ciudadano» como se autodefine y es normal que entre sus seguidores las alabanzas sean bien recogidas y las críticas mal acogidas. Muchas veces, sin una contra-réplica o respuesta en la que se dice que Pablo Iglesias no es igual que el resto de político, que la «casta», con esa casta con la que ya empieza a pactar (léase Izquierda Unida y Equo, a quien susodicho considera miembros de la «casta»).
Para bien o para mal, a día de hoy vivimos en una democracia parlamentaria de corte liberal. Eso implica que nuestros representantes políticos, por ejemplo Pablo Iglesias, y los partidos, léase Podemos, acceden al poder y como parte del poder democrático tenemos el derecho a defenderlos y criticarlos. No es válido el argumento de separar a Pablo Iglesias y sus propuesta de lo qué es Podemos, de la misma forma que no se separa a Bárcenas del Partido Popular o a los ex-consejeros de la Junta de Andalucía implicados en el caso de los ERE tampoco se les separa del PSOE. Esto es una democracia, y cualquier persona que defienda Podemos, debe entender que desde el momento cero en que acceden a la arena política, todos los ciudadanos (incluidos ellos) están en el derecho de criticar a los poderes bajo la sacro-santa libertad de expresión.
Es denostable tanto que desde Interior vayan a perseguir a ciudadanos que comentaban tal o cual con el reciente asesinato de Isabel Carrasco como que ahora cualquier crítica a Podemos se esgrima: separando a Iglesias de su partido, diciendo que quién lo critica es un «fascista» o que Pablo es una persona buena y santa. Cuestión esta última de la que me ocuparé en siguientes textos de dilucidar quién es Pablo Iglesias (para quiénes no lo conocían antes de febrero), de explicar qué es Podemos y sus propuestas y sobre todo, de saber quién está detrás de este grupo político. Porque, lo quieran o no en Podemos, hay que recordar que ningún movimiento ciudadano representará a toda la ciudadanía, por eso de que vivimos en una democracia donde otro principio fundamental es la pluralidad ideológica y partidista. Bienvenidos todos y todas al debate.
La caída de los partidos dinásticos
A falta de unas horas de los resultados de las elecciones europeas, surge la hipótesis de vaticinar la caída de los dos partidos dinásticos en España. Es posible plantear la posibilidad de que se esté abriendo un ciclo, y no precisamente económico, sino político en el que las dos corporaciones atrápalo-todo, ya no consiguen atrapar ni una cucaracha en una esquina. Todo ello, debido a una gran volatilidad del voto, que hacía décadas que no se conocía en este país. He aquí lo interesante de estas elecciones europeas que sirven como un previo de las nacionales.
A la izquierda le ha salido una gran competencia y por tanto opciones al ciudadano de a pie, en el que el gran beneficiado ha sido el pasaporte gratuito de Podemos para que Pablo Iglesias sea político sin tener que sufrir años de militancia. Mientras tanto, en la derecha hay dos grandes ganadores como son UPyD y Ciudadanos. No precisamente porque hayan ganado en términos reales, sino porque son los que mejor han optimizado el voto descontento de antiguos votos del electorado popular. Además, a lo anterior hay que recordar la presencia de otras formaciones como Equo, Vox y los partidos nacionalistas que han sido depositarios de muchos otros votos que en gran medida podrían haber obtenido PP y PSOE.
Es muy pronto para hablar de la caída de estos partidos, si bien puede que algún medio de comunicación se aproxime a hacer vaticinios esotéricos. Lo que está claro es que se abre y se cierra un ciclo especialmente para los líderes, o dicho de otra forma, la vida política de Rajoy y Rubalcaba está contada. Si bien las opciones que parecen plantearse para estos dos partidos de cara a las próximas elecciones generales son la renovación de sus candidatos, o de lo contrario, tendrán que recurrir a la tradicional alianza del PSOE con IU y otros grupos o la formación de un posible gobierno entre PP-PSOE que como ya anunció en su día Julio Anguita, son prácticamente lo mismo en el plano económico que es el que realmente importa ahora mismo.
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