sociedad
¡Vistalegre y tanto!
Esta columna iba a dedicarse a analizar lo que hay en juego en el aquelarre de Podemos. Sin embargo, la vieja política es sólo jerga de hipócritas que prometen hacer que lo antiguo parezca nuevo. Hablemos de algo más interesante y suculento. Y es que, la maruja que el arribafirmante lleva dentro ha encontrado un espacio donde saciar toda su sed de curiosidad, morbo y miserias humanas. El auténtico experimento sociológico de ese programa de televisión, cuyo nombre ni cadena mencionaré, en el que los sujetos más excéntricos del planeta llamado España van a buscar: ¿compañía? ¿amor? ¿fin a su aburrimiento? ¿un nuevo animal para tu zoológico particular? ¿un perro o una perra a la que pasear bajo el apelativo de «pareja» o «Anastasia Steele»?
Con independencia del tono humorístico y de la autenticidad hipotética de las historias, sí es cierta una cosa, que son una muestra de las distintas tendencias en nuestra sociedad. Una sociedad que ya ha trascendido esa postmodernidad de la que hablaban Giddens y Beck y de esa ideología líquida de Bauman. Con independencia de que hayamos sufrido una de las crisis económicas, políticas y morales más profundas de los últimos tiempos, el hombre postmoderno avanza. El compromiso se elude, la comodidad se expande y los valores y las preferencias pueden ser tan finos como un hilo o tan gruesos como el fanatismo religioso, político, vegano o cual que otra cosa puesta en valor como capital simbólico por una persona.
No es que ya sea difícil mantener un hogar con el nivel de sueldos, la efusividad de los contratos y los precios de la luz, por mencionar algunas cuestiones. Es que además es cada vez más difícil que las parejas sean estables, o al menos que la psicología de sus miembros lo sean y la sociopatía no cale en lo profundo. El hedonismo en su más plena intensidad está presente en cada uno de nosotros y evitamos los esfuerzos por el prójimo, lo de ayer me aburre y hoy busco otra cosa que desecharé como un producto hipotéticamente reciclable. ¿Yo? ¿O usted? Vegano, animalista, feminista, multiculturalista, comprometido con tantas causas como fueren posible, encajándolas en la difícil y controvertida incoherencia del ser humano, postmoderno. Más ya se sabe, que el hedonismo no es buena causa, ahí está(ba) Roma, y llegaron los bárbaros. Bárbaros que hoy pueden llamarse Donald Trump, Brexit, Pablo Iglesias, Marie Le Pen o Daesh. Mientras tanto, que siga el circo para saciar el ansia de conocimiento.
Huelga contra la estupidez
La Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de España anima este mes a que los pequeños no hagan sus deberes. Desconozco si este pronunciamiento es una nueva fórmula de protesta contra el Gobierno de Rajoy o si responde a la opresión que el alumnado proletario recibe por parte de los profesores capitalistas que controlan los medios de producción, es decir, la máquina de fotocopias del colegio. Ante tan soberana tontería, sólo cabe preguntarle a los expertos para saber si realmente esta huelga cumple a algún interés que los no profanos en Pedagogía desconocemos.
Según los especialistas, la realización de los deberes no supone directamente una mejora del rendimiento escolar. Puede ser que ahora que estamos ante una sociedad llena de modernismos e innovaciones cada vez más rupturistas, pero también más estúpidos, no nos demos cuenta de una cosa. Y es el derecho a la educación, este derecho no sólo lo ejercen los padres como las teorías más autonomistas sugieren, sino que es una responsabilidad del Estado del Bienestar proporcionar este servicio, y fíjense hasta en los Estados Unidos, cuna del capitalismo salvaje, se oferta.
La educación nos hace libres, no la doctrina como la que encontrábamos en las cartillas del régimen franquista. Sin embargo, que los alumnos vayan a desconocer cuál es la capital de Estonia, país miembros de la Unión Europea, o cuál es el gas noble con menor densidad, me parece una actitud que daña directamente este derecho a la educación. En humilde opinión, hagamos huelga contra la gilipollez y entendamos que los profesores y las profesoras con sus instrucciones jerárquicas, que para algo son mayores y saben más que los pequeños, están llamados a cumplir un papel en nuestra sociedad.
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