Mes: febrero 2018

Preferiblemente otro día

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Hacía un tiempo, Francisco de la Torre había declarado que no concurriría como cabeza de lista en las próximas locales. Lo que parecía aventurar que el supuesto delfín -y entiendan supuesto porque el alcalde malagueño nunca se ha expresado con claridad en este asunto-, Elías Bendodo, sería el sucesor entre los populares del consistorio. Como prueba de que la cosa iba en serio, De la Torre manifestaba que así se lo había comunicado a su esposa. No pasaron unos meses hasta que ha vuelto a reivindicar su intención de revalidar como candidato a la alcaldía. Y pese a la edad del primer edil, el sentimiento de generalizado entre muchos malagueños con independencia de colores es que si hay que elegir entre De la Torre y Bendodo, no hay mucho más que hablar. El presidente de la Diputación, que también fue preguntado por su postura, tampoco dio muchas pistas sobre qué opinaba sobre la continuación del liderazgo del alcalde malagueño.

En política local, la meritocracia que se presupone a los candidatos es sustituida por la apreciación de las características y la actitud personal de los sujetos. Dicho de otra forma, en la arena municipal estamos en la pequeña escala. De esta forma, los ciudadanos no valoran a sus dirigentes por lo que sean capaces de hacer, sino por quiénes son y qué representan dentro de la comunidad. De la Torre y Bendodo son personas distintas. Y no es que sea una cuestión de edad. Mientras el alcalde de Málaga es un pro-hombre y hasta cierto punto un notable local, reputado y admirado por amplios sectores de la sociedad civil, el segundo no deja de ser un simple hombre de partido como otros tantos. En su esencia más pura, el poder de Francisco de la Torre bebe directamente de fuentes sociales y/o locales, mientras que el segundo no ha conocido ningún horizonte desde que accedió a las juventudes políticas hace ya algunas décadas. El amado líder local y el señor del aparato. Éstas son las dos opciones entre las que cabe elegir al cabeza de cartel de los conservadores. Ni siquiera entre sus propias filas, Bendodo despierta las simpatías de una amplia mayoría.

La presidencia de Bendodo ha supuesto un cambio profundo en la institución provincial, de las cuales ya se verán sus claroscuros en el futuro. La Diputación de Málaga se ha renovado profundamente, se han impulsado infraestructuras y cambios exitosos. Ahí queda la renovación de El Chorro como un enclave para el turismo rural y el reconocimiento de los Dólmenes de Antequera como Patrimonio de la Humanidad. Ahora bien, esto no puede ser óbice para entender de entender que Málaga vive algunas de sus horas más lúcidas bajo el amparo de De la Torre y que lo deseable sería su continuidad. Sin embargo, la edad, las alternativas de sucesión y el empuje de los nuevos partidos no juegan a favor de la ciudad para mantenerla con el carácter y el modelo de urbe en que se ha consolidado en los últimos quince años.

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El riesgo feminista

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feministaHace unos días el arribafirmante escribió sobre los peligros del neomachismo. Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial.

Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad.

No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia  el propio ser humano.

Neomachistas asociados

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descarga (2)Pulula por la red un decálogo para detectar a los sujetos que se oponen al feminismo. Esta declaración de los diez mandamientos de los bienintenciados que hocican con las exigencias del feminismo radical es un hito más de la escalada de esta pseudo-religión que penetra entre nuestras instituciones, nuestra sociedad y crea un discurso excluyente. Las feministas más fanáticas revisten como “machismo” a toda una suerte de valoraciones y juicios en las que son incapaces de distinguir el grano de la paja. Y así, los llamados “neomachistas” son mezclados con otras personas que simplemente nos negamos a sumirnos a cualquier ísmo que divida el mundo de forma maníquea.

El neomachismo huele a ginebra y lee a Hemingway. Viste camisa blanca, pantalón negro impecable y zapatos brillantes lustrosos. Su visión es aparentemente agradable para poder hacer convincentes unos argumentos de per se deleznables. El neomachista es sociológicamente de clase media o clase alta. Ejerce una profesión con su mente. Por eso llora por no haber trabajado en algún oficio manual. Un oficio de hombres. El neomachista observa a la mujer como un medio para la reproducción y el cuidado del hogar. Duda de la existencia del alma o de la racionalidad de la mujer encorsetada en un torbellino de Ipads y Ipods. El neomachista valora las sociedades y religiones donde la sumisión de la mujer es más factible en comparación con el mundo occidental. No es religioso, simplemente busca una forma práctica de esclavizar al otro sexo.

Este neomachismo es sutil. Expone sus argumentos de forma inocente. Entiende que en una sociedad dominada por el feminismo más fanático sus opiniones deben ser presentadas en foros reducidos, más propios de una secta que de un amplio movimiento social. El neomachista subsiste en el victimismo. Afirma que el feminismo es una forma de opresión del padre de familia. Oprimido por su mujer, por sus hipotecas y por un sistema que lo subyuga apropiándose de su sangre. En el fondo, el neomachista tiene su conciencia enferma, su alma corrompida y su voluntad fracturada por su propia incapacidad para realizarse a sí mismo. Mientras tanto, las feministas más extremas sólo están preocupadas por descifrar el posible mensaje político de La Bella y la Bestia.