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La caída del régimen

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Capital hispalense, centralismo realengo y cuartel latifundista, es el escenario de un hecho histórico en los últimos 30 años. El PSOE de Andalucía y sus socios de tragicomedia caen en la vorágine de la corrupción. Conforme los medios de comunicación revelan el telón de fondo del reparto de la tarta de la res pública, capitulan los últimos días de la democracia orgánica que había instaurado el chavismo oficial y el continuismo griñaniano.

La dimisión de Luis Pizarro como Consejero de Gobernación, la huída de su número dos, la imputación de Torrijos y el caso Mercasevilla, los ERE irregulares, el tráfico de influencias de los Chaves, las disputas entre los socialistas gaditanos y sevillanos, el discutido liderazgo de Griñán, la retirada de Velasco por fraudulenta subvenciones y mucho más. Es el derrumbe de la clase política que durante décadas han convertido a Andalucía en su cortijo particular y en el rancho del socialismo español. Para ello, no han faltado faisanes ni Rubalcabas que cubran las espaldas de la cuestionada imagen de Manuel Chaves.

El derrumbe es inminente y ya sólo falta dilapidar las pocas prebendas que se puedan. Escasea el optimismo para las elecciones locales, mientras el Partido Popular cierra filas en las capitales de provincia andaluzas, incluso en Jaén y Córdoba donde la retirada de Aguilar abre un flanco peligroso para el consistorio. Para ello, el cuartel de calle San Fernando ha dispuesto las listas locales a gusto del consumidor, anticipándose a una hipotética victoria de Arenas en las autonómicas.

En pocas palabras, los conservadores de izquierda caen para dar paso a un nuevo orden. No obstante, sólo podemos contar con una victoria popular mayoritaria en las capitales de provincia de Andalucía y los rumores de algunas diputaciones provinciales como las de Málaga y Cádiz. Cualquier hipótesis más allá de las elecciones locales en el panorama andaluz tan caótico con el derrumbe del socialismo es una pretensión de profecía. Aunque sí, podemos aventurar la hipótesis de un nuevo centralismo sevillano indispuesto a permitir la presencia de tendencias y corrientes en su seno político.

La otra capitalidad cultural

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La ciudad de Córdoba ha sido hasta hace unos meses la competidora andaluza con Málaga por la Capitalidad Cultural de 2016. Lo cierto es que, la vida intelectual y cultural de Málaga tenía sendas barreras para arrebatar a la antigua capital de Al-Andalus su paso a candidatura. De hecho, la urbe malacitana se quedó en la entrada para llegar a ser candidata, algo que los cordobeses y cordobesas no han tenido tan difícil.

La cuestión está en que además de esta barrera, existía una segunda. Las malas artes con las cuales el PSOE de Andalucía ha jugado con un proyecto, que más que político, es ante todo ciudadano y cultural. Para ello, desde el primer momento apoyó la capitalidad cordobesa antes que la de Málaga por ser un feudo popular. A la par que, los lacayos socialistas de Málaga brindaron su colaboración tardía a la iniciativa municipal a la espera de que fuese eliminada, sin dejar de ser “defensores de su ciudad” ante sus conciudadanos.

Una vez la marea pasó y la capitalidad malagueña fue devorada por la política partidista del PSOE y el incivismo, los cuervos dieron paso a su festín. Así, estos pajarracos ataviados bajo apariencia intelectual e hipotéticas instituciones ciudadanas se dedican ahora a criticar desde sus asambleas la “incultura malagueña”. ¿Falta de cultura? Se engañan quiénes dicen que en Málaga no hay cultura, puesto que no son escasos los intelectuales que a diario trabajan de forma anónima a favor de la ciudad.

El problema es que realmente no existen valores de amor a una ciudad, porque por encima de ellos, está la disciplina del partido. Pero, sería demasiado pedirle a estos individuos que se conviertan en intelectuales. Cuando en realidad, sólo son políticos que han leído alguna obra que les recordó a un viejo aire rojo cercano al anagrama que reza en su sede.