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Rebajas en las sombras

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guindosEs paradójico que el Banco Popular, comprado hace unas semanas al precio de un euro, por el Santander tenga este nombre. No es que esta entidad financiera haya sido la más «popular» en términos de «populus» o referirse al «pueblo». Al contrario. Sin embargo, si es inquietante observar cómo es la forma en que se ha planteado su adquisición por parte de las élites financieras cántabras, las principales de España y unas de las más potentes a nivel europeo.

Como se sabe, hubo una víspera. Y nos referimos a la reunión del Club Bilderberg en la que Ana Botín, cabeza de Santander, y Luis de Guindos, Ministro de Economía. Este encuentro idílico entre poder financiero y poder político tuvo lugar en un hotel en Virginia a miles de kilómetros de las fronteras españolas. Asumiendo que tendría que preparar un saneamiento de 7.000 millones de euros, se dispusieron los preparativos para que el Leviatán -el auténtico Leviatán- absorbiera a la banca del Opus Dei. Lo cual ha demostrado la calidad de nuestra democracia y la capacidad de subyugación del Estado sobre las corporaciones transnacionales. Ninguno.

Lo más siniestro es que todo esto se lleva a cabo en reuniones opacas, cuanto menos misteriosas. De instituciones que tienen una agenda propia más allá de la de los Estados y que pueden influir en los mismos. Como ha demostrado recientemente un intrépido sociólogo y periodista, Andrés Villena, en su libro ¿Cómo se gobierna España? (Editorial Comares) las élites ministeriales son ante todo representativas de grupos de intereses con nombres y apellidos. Lo cual nos lleva a preguntarnos hasta que punto nuestros ministros son representantes de los ciudadanos o delegados de deidades superiores.

Ciudad global

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banlieueEl distópico futuro planteado en clásicos como Blade Runner no está tan lejos. La omnipresencia de las corporaciones, flujos de capitales y mercancías, multiculturalidad y la hibridación étnico-simbólica, la prestación de servicos hiper-especializados, sistemas avanzados de transportes, aeropuertos internacionales conectados en redes con otros centros geográficos y la velocidad continuada. Esas son las ideas que vienen a la cabeza cuando se piensa en algunas de las llamadas «ciudades globales», un concepto de la socióloga Saskia Sassen hace dos décadas y que tradicionalmente se ha aplicado al cuarteto de Nueva York, Londres, París y Tokio.

Las multinacionales financieras y económicas dieron desde un primer momento visto bueno a este término, en tanto que apoyado en los elementos más beneficiosos de la globalización permite legitimar sus acciones. La deslocalización, la desagregación económica y el movimiento transfronterizo de sujetos, capitales y bienes. Sin embargo, Sassen olvida el lado oscuro de la megalópolis como criadero, en base a sus distintos estratos urbanos, de las mayores barreras sociales. Y por tanto, fruto de las desigualdades más duras que se encuentran en el mundo desarrollado.

Más allá de la problemática del Islam en los suburbios parisinos de Saint-Denis y Bobigny, se esconde un asunto peliagudo como la barrera política, económica y social. Como dato significativo, cabe mencionar que la capital francesa es denominada despectivamente como «Panamá» entre los habitantes de la periferia, para quienes el «crimen» no es si no más que aquello que elegantemente ejecutan los trabajadores de cuello blanco del intramuros. Al otro lado del Canal de La Mancha, se encuentra su homóloga británica, la ciudad europea que durante mucho tiempo ha alcanzado las mayores cifras de desigualdad social en Europa. Los grandes poderes de la globalización moldean estas ciudades para satisfacer sus necesidades, pero ni siquiera el Estado consigue solucionar los efectos colaterales del urbanismo globalizado.

Apología de Jordi Évole

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salvemos salvados 03El intrépido Jordi Évole vuelve una temporada más. Después de ofrecer y divulgar información sobre la organización del Consejo General del Poder Judicial, la venta de los préstamos basura, la reclamación de la deuda por parte de la banca alemana y el oligopolio de las eléctricas; se puede afirmar en este periodismo un auténtico ejercicio de control mediático al poder. Uno de los principios básicos para el liberalismo y para la supervivencia de la democracia. Y es que, estas prácticas escasean en estos tiempos de crisis e incertidumbre. Lo cual sea un indicio, de quienes son ahora los nuevos amos del mundo, es decir, las grandes corporaciones.

Estas razones son las que explican que las empresas eléctricas hayan puesto precio a la cabeza de Évole y a la hora de ‘Salvados’. No es una referencia a una ejecución pública, sino un ánimo a nuestra clase política para que retire a un elemento irreverente e impopular para los señores del neoliberalismo. Por lo que, las empresas eléctricas, hablemos de Iberdrola y Endesa, con nombres y apellidos son los llaneros solitarios que reclaman la muerte mediática de este periodista. Una vergüenza y un grupo de desvergonzados que demuestran quién ostenta el poder en nuestro país, los poderes económicos piden y la clase política ejecuta a su servicio.

En este sentido, considero necesaria una defensa de la figura de este periodista. Independientemente de la ideología de cada sujeto, es incuestionable que la libertad periodística debe ofrecer tantas visiones de la realidad como existan en la sociedad y realizar su función de perro guardián en relación al poder político y económico. Saben ustedes que el arribafirmante no comulga con la línea editorial de Évole y su medio, pero reconoce que es loable y meritoria la labor que realiza. Por eso, aunque el primero no sea de izquierdas sí pone la mano en el fuego por buen profesional del ramo periodístico. Sigue así Jordi.