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El método Grönholm

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Los niños tienen nuevos juguetes. Imberbes, van embutidos en sus trajes y levitas de marca blanca. Juegan a ser grandes directivos, afortunados pese a la adversidad de la crisis en negocios fantasmas de venta de humo. Gustan del riesgo y las emociones nuevas. Experiencias sociales que puedan saciar sus instintos carnívoros. Para ello, el puesto favorito es el de seleccionador de recursos humanos.

La figura del seleccionador de perfiles deformado por la práctica de intrusos dispone de distintas herramientas para descartar personas. Pruebas, disección de cadáveres, dinámica de disparos con pistolas al pato y una que gusta mucho llamada el método Grönholm. Una peculiar técnica que fue parodiada con acierto en la película ‘El método’ y donde se observa como en el capitalismo más salvaje afloran los instintos más primarios del ser humano: dominación, violencia psicológica y sexo.

En este método, un director desarrolla un juego de rol en que se plantea una elección a los participantes. Se avecina una catástrofe y los sujetos disponen de un refugio nuclear en el que caben todos menos uno. Deben elegir entre ellos quién se queda fuera para sacrificarse por los demás. Así, cada participante enumera una serie de motivos por los cuales es mejor que los demás, sacando su agresividad psicológica más primitiva. Y esto señores, es lo que ofrecen algunos responsables de recursos humanos, sin decirte cuál es la recompensa por entrar en el refugio, es decir, el sueldo.

El reclutamiento de los diputados malagueños del 20N

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Gallagher y Marsh señalan que la selección de los candidatos varía en un eje que va desde la elección por parte de los militantes hasta la efectuada por un único líder. En el caso de la circunscripción de Málaga, se situaría más cercano a este último eje, siendo el órgano ejecutivo central el responsable de priorizar a los candidatos, sino el que obtenga representación auténtica entre sus propuestas. Así, los comités locales y los afiliados tendrían una intervención testimonial y respondiendo más bien a las directrices del central para el PP y PSOE.

¿Por qué no se produce una respuesta por parte de los militantes ante su escasa intervención en el proceso de elaboración de listas y la priorización de sus candidatos? Posiblemente, la cultura política existente entre los individuos ayude a explicar que esta reacción no se produzca por parte de los afiliados de ninguno de los partidos comentados. Y que como característica común de sus preferencias esté la aceptación de cierto grado de desacuerdo con respecto a las directrices que emanan de las élites ejecutivas del partido. Así, se aceptan las premisas de la nueva competición electoral que introducen los “cartel-party” que se convierten más en actores políticos adosados a las instituciones, que en auténticos representantes de una ciudadanía con la cual se han divorciado.

Por lo que respecta a los órganos centrales de los partidos analizados, la competencia de las campañas electorales ha llevado a la discreción de la dirección del partido en su intervención en la cocina de las listas electorales. Esto demuestra que sólo mediante análisis politológicos pueda verse la auténtica influencia de los órganos jerárquicos de los partidos.