democracia

Alemania pone el ojo para ocultar la mano

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Hace unas semanas, en un conocido programa de televisión presentaban un reportaje sobre el ambiente de la actual sociedad griega. El conocido presentador andaba por las calles, preguntando a los griegos qué si pensaban salirse del euro, a lo que un ciudadano de a pie respondió audazmente. “Los alemanes no tienen que humillar a los griegos, no deben olvidar que la democracia empezó en Atenas”.

La mano de hierro de Merkel aprieta y ahoga. Cambió el gobierno italiano por una corte de tecnócratas eurocreyentes. Y ahora, amenaza con intervenir en la política griega si no consiguen alcanzar un ejecutivo de consenso en las próximas elecciones. Alemania clama al oráculo de los fantasmas del pasado: el autoritarismo y la unilateralidad como herramientas de política exterior. La única diferencia es que la ocupación del Reich ya no es militar, sino burocrática que representa el depredador de las sociedades liberales.

Grecia es un país con un pasado arduo, duro y honorable. En suelo helénico se encuentra el origen de la filosofía y las ciencias clásicas, de la democracia frente a la tiranía y del desarrollo de la cultura grecorromana. Mientras tanto, los pueblos germánicos caminaban como bárbaros sobre la tundra. Más tarde, la identidad griega palideció durante la larga ocupación otomana y siglos posteriores, fue liberada del yugo musulmán. A la par que, los alemanes tardaban siglos en consolidar una identidad común bajo la filosofía hegeliana.

Alemania carece de legitimidad para dirigirse a los griegos como lo está haciendo. Ni tiene un pasado histórico democrático mayor de cien años. Ni mucho menos, es el caudillo de la Europa unida. Este aguilucho germánico nada habla sobre la deuda, el paro o la economía de los países de Europa del Este. A Merkel le interesa hablar de España y Grecia, para tapar a países como Hungría, Rumania, República Checa y Polonia, por citar algunos. Estados donde el consumidor alemán disfruta de unos precios bajos y una mano de obra barata. He aquí el milagro alemán.

Cibercensura a la cultura

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La cultura suele ser definida como el conjunto de bienes y símbolos que comparte un grupo de personas. Las hay más acertadas y más equivocadas, morales e inmorales, avanzadas y primitivas. Aún así, no hay ninguna de ella de la que no aprendamos nada. Y como dice el proverbio latino ningún libro es malo, ni tampoco una película, una canción o cualquier otra producción del intelecto humano.

Por esta razón, los ilustrados consideraron la cultura y la educación como bases fundamentales para el progreso. Ahora, podemos disfrutar, o podíamos, de un acceso sin raudal a las distintas expresiones de la cultura y de la palabra humana gracias a la red y el hipertexto. Podemos saber qué pasa en un país en tiempo real, qué se piensa en tal lugar o qué se disfruta en otro. Al menos era así hasta hace unos días.

El Gobierno de Estados Unidos ha promovido una ley, la llamada SOPA, que obliga al cierre de cualquier página en la que se pueda compartir películas, música o textos. Todo porque son bienes que deben ser comercializados, y pagados a buen postor, si incluso quieres ponerlo en común con otra persona. Este país que se ha dicho el padre de las libertades y que va a las guerras defendiendo la democracia, impide a la sociedad no sólo propia, sino mundial, el disfrutar de esta puesta en común. Así es, como los regímenes democráticos juegan con la doble moral para reducir las cuotas de libertad con las que dicen que nacieron bajo el brazo.

Sobre la reforma constitucional, que no democrática

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Los españoles sufrimos una vez más, como si de un bucle melancólico se tratase, las consecuencias de la chapuza política. Lo que bien pudiera haberse evitado con un pacto entre las fuerzas políticas, y que no fue posible debido a la ocultación que Zapatero hizo de la crisis a principios de 2008, revienta en la cara de cabreados e indignados. Mientras uno engañaba, y el otro esperaba frotándose las manos a la futurible victoria; los dos grandes han llegado a la conclusión de reescribir la Constitución para insertar el déficit cero.

El déficit cero está fuera de lo que jurídicamente se llama la parte dogmática de la carta constitucional, de lo que son los derechos fundamentales. Aunque eso no quita, que el gasto público no mantenga una estrecha relación con los derechos sociales. Por lo que, a la forma del cacique, los políticos han firmado la defunción del Estado del Bienestar español y se han bajado los pantalones ante la Unión Europea y los mercados financieros. Sin mediar por un referéndum, ni ninguna consulta al pueblo que será el auténtico afectado de esta decisión que elimina la política fiscal.

No fue suficiente con la mentira de unos, con la apatía de otros. Y es que, como ya no les queda nada, sólo pueden esperar a desnudar sus adentros y enseñar lo que tienen a los especuladores. Lo que no evitará que no sus eminencias, sino el Estado sea penetrado por un fálico rescate a la europea. Y como dicen, estas acciones se hacen con espíritu francés y carácter alemán. Por lo que, los españoles andaremos unos años más escocidos y jodidos.

Pero no llore, esta historia tiene un final feliz. Porque los imbéciles que degeneran en malvados, como dice Reverte, se irán contentos a sus casas. Zapatero regresará a su taifa leonesa, donde beberá su coñac satisfecho de haber realizado la segunda reforma constitucional y brindará con sus amiguetes. Una gran reforma dirán sus compañeros juristas de la Universidad con los que alguna vez trabajó. A la par que, el Partido Popular no tendrá necesidad de hacer grandes recortes cuando un pacto de Estado le da carta blanca para minimizar gastos. El arribafirmante se equivocó, en España siguen habiendo grandes pactos, sobre todo cuando el perjudicado es la ciudadanía.

La renovación del liderazgo y la juventud

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El 15-M ha retirado sus campamentos. Regresan a los cuarteles de invierno. Después de haber expresado sus demandas, mediatizado las elecciones y asistido a las investiduras de las alcaldías. Entre sus propuestas, hay muchas que son criticables, pero otras son merecedoras de su estudio y el arribafirmante diría que  hasta de su ejecución. Pero hay muchos otros aspectos latentes. No encima, sino debajo de la mesa. Y uno de ellos, es la renovación de los liderazgos en los partidos políticos. Pues, es impermisible que líderes y portavoces fracasados sigan activos en política cuando su resultado es ineficiente. Aquí es, donde la juventud, en general y en particular, tiene la misión de renovar cabezas de lista más que añejos. Ya que uno de los grandes problemas de la política es la escasa rotación de los políticos, siendo un lastre para la calidad democrática del sistema.

La juventud en general tiene conciencia de la democracia y con una perspectiva distinta a la clase política actual; y a que los jóvenes politólogos en particular tienen algo que decir en todo esto. La generación nacida en democracia ha demostrado tener claros los déficits, iniciativa para ofrecer respuesta y vocación para solucionarlos. El problema es que no puede ser posible que los de siempre sigan en las instituciones y organizaciones, un año tras otro, una década tras otra. Y ésta es la política que se llama progresista, del cambio, la que sigue un mandato tras otro en el mismo banco, en el mismo cartel, intentándolo una vez más a ver si ésta vez cuela porque ya llevo varias veces continuadas perdiendo, dirían algunos.

Decía Michels que en toda organización humana existe una ley de hierro. Una ley que hace que la democracia interna de los partidos políticos sea imposible. Que al final, sea un grupo reducido el que imponga su criterio frente al resto. Al final, la institución que en Ciencia Política es una realidad estable y estática, casi una estatua, también convierte en estatuas a sus integrantes. ¿Por qué? Porque no terminamos de entender que la política tienes unas reglas y que como decía Maquiavelo, el príncipe o el líder no gobernará eternamente, ya porque sus sucesores no serán tan virtuosos como él lo fue o porque llegará otro distinto.

La preocupación de Maquiavelo es la forma en que se renueva el poder y se generan nuevos líderes capaces de hacer frente a una realidad como la política siempre cambiante. Éste es el problema de la crisis política actual en España: la dificultad para renovarse. Para renovar líderes, caras, propuestas, ideas e incluso valores porque difícilmente unos mismos valores podrían servirnos para épocas distintas. Y aquí es donde entra en juego la juventud.

Presupuestos participativos como alternativa a la consulta electoral

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En unos pocos meses, los municipios consultarán a sus habitantes sobre la composición de los representantes del gobierno local. Pero, debemos señalar que la participación de los ciudadanos no se circunscribe a un voto cada cuatro años. En esta línea, la actuación pública que está teniendo actualmente mayor repercusión en materia de participación ciudadana son los denominados presupuestos participativos. En síntesis, los presupuestos participativos suponen la aportación de una cuota del gasto público municipal en propuestas realizadas por los colectivos de la sociedad civil y los ciudadanos.

Con ello, se busca una participación directa de la ciudadanía y priorizar en el presupuesto de la localidad sus demandas más importantes. De esta forma, los ayuntamientos han intentado aumentar su legitimación democrática y su especial relación de cercanía con el desarrollo de estas prácticas. Por lo que, se plantea la hipótesis de que estas prácticas participativas complementasen la representación política de los ciudadanos a través de las elecciones.

La participación en los presupuestos participativos es una experiencia reciente en España y qué debe mejorar la cantidad asignada a los ciudadanos. No obstante, para garantizar un uso eficaz de estas cuotas surgen dudas sobre la creación de consejos cívicos corporativizados como argumento desde la izquierda y el temor a la falta de cultura de gestión y escasa formación desde posiciones conservadoras. El problema es que una iniciativa dirigida a “educar” a los ciudadanos en estas prácticas puede presentar sesgos adoctrinadores. Por lo que, seguiría sin cumplirse una auténtica práctica democrática.

Asimismo, los presupuestos participativos son unas prácticas eminentemente locales y que deben extenderse a otros municipios. Por ello, es recomendable que los que se inicien se guíen por las experiencias de las ciudades que ya los han implementado, conociendo sus éxitos y evitando corregir sus errores. El problema al final gira en torno a dos cuestiones: la cultura cívica de los ciudadanos y la cultura de gestión de la clase política local en su hora tomar decisiones en torno a los elementos básicos de los presupuestos participativos.