libertades

Los mitos de la Constitución de 1812

Posted on Actualizado enn


La efeméride de la Pepa está en alza. Es un valor del mercado político que parece recordarnos a todos que hace dos siglos, los españoles se pusieron de acuerdo en algo, que como siempre, volvieron a chafar los Borbones. Esa gran familia de gestores que pocas veces han dado en el clavo. Volviendo ese gran texto constitucional, es recordado estos días por haber reconocido libertades y derechos a los españoles.

La carta de 1812 tiene muchas luces, especialmente para los andaluces que parece vendernos como los padres del liberalismo español. No obstante, hay que dilucidar los claros y oscuros de una carta con más sombras que radiantes brillos de ilusión. Pues para empezar la Pepa negaba la libertad de culto y obligaba a todo español a profesar la religión católica, a la que consideraba como esencial en el Estado español. Y es que, los ilustrados afirmaban que el destierro del dogma y el librepensamiento eran las bases para el progreso social.

Asimismo, la Constitución daba estatuto de ciudadanía a los españoles, pero no a los esclavos. De forma que, podían existir personas sin derechos para trabajar las tierras y los labriegos de las Indias Occidentales. También, mantenía intacta a la Inquisición para la realización de los juicios contra herejes y disidentes del catolicismo. Y finalmente, reconocía la irresponsabilidad política del monarca, que el pobrecito, para continuar con la tradición, era el más tonto del pueblo.

Y ésta es la Constitución, por la que Riego y muchos otros lucharon. Una carta que concedía unos nimios derechos, manteniendo el resto del edificio sin cambiar y dando una mayor legitimidad al sistema. Por lo que, si para algo sirvió el texto gaditano fue para dar nombre a la idea de España como nación y proclamar su unidad frente al invasor. Por lo demás, harían falta unos ciento veinte años más para hablar de una constitución democrática que pudiera estar a la altura de los países europeos.

Cibercensura a la cultura

Posted on Actualizado enn


La cultura suele ser definida como el conjunto de bienes y símbolos que comparte un grupo de personas. Las hay más acertadas y más equivocadas, morales e inmorales, avanzadas y primitivas. Aún así, no hay ninguna de ella de la que no aprendamos nada. Y como dice el proverbio latino ningún libro es malo, ni tampoco una película, una canción o cualquier otra producción del intelecto humano.

Por esta razón, los ilustrados consideraron la cultura y la educación como bases fundamentales para el progreso. Ahora, podemos disfrutar, o podíamos, de un acceso sin raudal a las distintas expresiones de la cultura y de la palabra humana gracias a la red y el hipertexto. Podemos saber qué pasa en un país en tiempo real, qué se piensa en tal lugar o qué se disfruta en otro. Al menos era así hasta hace unos días.

El Gobierno de Estados Unidos ha promovido una ley, la llamada SOPA, que obliga al cierre de cualquier página en la que se pueda compartir películas, música o textos. Todo porque son bienes que deben ser comercializados, y pagados a buen postor, si incluso quieres ponerlo en común con otra persona. Este país que se ha dicho el padre de las libertades y que va a las guerras defendiendo la democracia, impide a la sociedad no sólo propia, sino mundial, el disfrutar de esta puesta en común. Así es, como los regímenes democráticos juegan con la doble moral para reducir las cuotas de libertad con las que dicen que nacieron bajo el brazo.