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Podemos se distancia de Ciudadanos

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recambio-imgYa corren los rumores sobre las guerras internas de Podemos en Andalucía. Los críticos han vuelto a pronunciarse contra los oficialistas de Iglesias, concibiendo como una derrota los resultados de las autonómicas. Ciertamente, es bastante discutible que esta formación haya llegado a un resultado negativo, ya que la entrada de 14 parlamentarios para la primera convocatoria a la que se presenta una fuerza política nueva, se puede considerar un rotundo éxito. Más, si se tienen en cuenta los factores que hacen de esta comunidad una arena política concreta: existencia de un partido dominante como el PSOE, retraso en el relevo generacional de votantes, presencia de los localismos, etc.

Ahora bien, es interesante observar la calificación de “recambio” con la que Pablo Iglesias ha mencionado a Ciudadanos. Aquí, obviamente, se observa un distanciamiento con respecto a su competidor entre los votantes opuestos al bipartidismo. Está claro que los ciudadanos y las ciudadanas contrarios a PSOE y PP, no se encuentran en el calado de votos de UPyD y probablemente, una cuota considerable es tendente hacia IU. Por lo que, la guerra por estos votantes está principalmente entre Podemos y Ciudadanos, guerra que por ahora encabeza la primera fuerza mencionada.

Así, hay que apreciar que los cambios en los discursos no son cambios superficiales. El discurso de Podemos hasta ahora ha ayudado a auspiciar a fuerzas opuestas a socialistas y populares, como Ciudadanos. En este sentido, se debe añadir que ese discurso ha sido beneficioso combinado con la imagen transmitida por Albert Rivera parece más agradable, especialmente por no tener “ningún muerto en el armario”. No obstante, los naranjas todavía están por estrenarse y el crecimiento partidista conlleva riesgos como la entrada de arribistas y oportunistas descontentos de otros partidos. De ahí que, Iglesias necesite un distanciamiento político de lo que podríamos calificar como el “nuevo centro-derecha” a la par que diluye su primigenio radicalismo en unos valores más maleables, más dinámicos.

Díez derrotada por Rivera

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El resultado de nueve parlamentarios autonómicos que ha obtenido Ciudadanos ha asestado el último golpe a la formación magenta. La marca de Albert Rivera es la primera vez que se presenta a los comicios andaluces, obteniendo la entrada en la cámara andaluza, mientras que UPyD sigue sin conseguir siquiera un escaño en la institución legislativa. De esta forma, se salda la disputa ya iniciada anteriormente por Rosa Díez cuando se propuso la fusión o la coalición entre ambas fuerzas con idearios similares.

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La noticia no ha sentado muy bien en la sede de UPyD donde se ha nombrado un comisario frente a la revuelta interna. Mientras, más de mil afiliados de la ola magenta se han pasado a Ciudadanos, demostrando las tesis elitistas de Michels en las que independientemente de quien gane, al final se produce la victoria de una minoría frente a otra. Y es que, la minoría liberal no queda claramente representada en un partido controlado por una líder de la vieja guardia que se resiste a abandonar la vida públicas después de tres décadas, a la vez que, defiende el “fair play” en la política y la finalización de la profesionalización de la política.

El hecho de que los votos obtenidos por Ciudadanos provengan de antiguos votantes del PSOE y del PP no es algo a lo que nadie le haga asco. Sea como sea, Podemos y Ciudadanos están canalizando el descontento frente a los partidos tradicionales, mientras fuerzas alternativas como IU son barridas por el electorado. Mención a parte, partidos como UPyD o el extinto PA que empiezan a cuestionar su existencia, a excepción de las concejalías que mantienen en distintos municipios. Otra cosa será hablar de la gobernabilidad de Andalucía en manos de un PSOE con escaso apoyos y asediado por las propuestas de la oposición en cuanto a un posible gobierno en solitario.

Sorpresa andaluza

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Rai - trasmisione porta a porta elezioni amministrativeComentan los expertos que las elecciones andaluzas depara unos resultados inesperados. Tal y como sucedió en las anteriores de 2012, en las que el voto al PP estaba sobrerrepresentado. Sin embargo, esta vez serían Podemos y Ciudadanos algunas de las opciones partidistas que podrían haber sufrido un aumento de su tamaño real como resultado de los efectos de la variable de simpatía política. Sea como sea, las presentes son unas elecciones de cambio en lugar de unas elecciones de continuidad, en las que cambiarán bastante las circunstancias y limitaciones del sistema de partidos autonómico.

El bipartidismo gravemente herido, pero aún vigente pervivirá una legislatura más. Existen datos suficientes en cualquiera de las encuestas publicadas por el CIS, IESA, Metroscopia o MyWord entre otros para observar que los partidos de gobierno clásicos de la democracia española van a sobrevivir. Y es que, lo fundamental no serán los resultados del domingo, sino muy al contrario, lo que se acuerde una vez se sepa el peso de cada fuerza política dentro de la cámara andaluza.

Hacienco memoria, la cámara andaluza ya ha tenido anteriormente más de cuatro partidos en su seno. Recuerden cuando en la primera legislatura, PSOE, UCD, AP, PCE y PA estaban representados dentro de dicha institución. Por lo que, ante todo cabe hacer hincapié en que se experimentará un momento de aumento de las identidades políticas y de transformación en múltiples ámbitos. Las posibilidades de coalición y los pactos que se funden entre las nuevas fuerzas políticas serán realmente los factores que determinen el futuro de la autonomía andaluza en los próximos cuatro años.

Doble bipartidismo

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En un reciente artículo de Ramón Cotarelo, se plantea la hipótesis del doble bipartidismo. No hay otras opciones. No existen otros partidos. Ni Equo, ni Izquierda Unida, ni UPyD, ni nadie más. El fenómeno de la americanización de la política y los mecanismos de conversión de voto de nuestro sistema electoral está produciendo la pervivencia del viejo bipartidismo y el auspicio de uno nuevo de manos de Ciudadanos y Podemos. Así, estos dos partidos intenten sustituir a PP y PSOE respectivamente en sus caladeros de votos.

Decía el insigne Pablo Iglesias que la política actual no es de izquierdas ni derechas. Se equivocaba. Sigue siendo de azul o rojo, de opción A o de opción B. Porque el ciudadano se sigue moviendo principalmente en este anclaje político para determinar sus opciones de voto. Más allá de los valores postmaterialistas, de la crisis económica, del ecologismo y feminismo, de tal o cual, las viejas ideologías siguen influyendo en lo que los españoles votarán, especiamente si hablamos de las elecciones generales. Por lo que, desactivar el eje izquierda-derecha está muy bien para que Podemos absorba voto de distintos caladeros ideológicos, pero no explica la auténtica realidad que se está produciendo.

Siguiendo esta lógica, lo fundamental estará en las coaliciones y los acuerdos. Por el bien de los ciudadanos, esperemos que esta vez esa cultura pacticia imperante en otros países de Europa se pueda asentar en España para reconducirla a un nuevo horizonte. O si por el contrario, seguiremos en ese maldito cainismo, en la continua división de izquierda-derecha, buenos-malos, norte-sur, que tanto gusta a los habitantes de la Península Ibérica. Causa a la vez de los bipartidismos y otros tantos males que afligen a sus pueblos.

Especulando sobre las andaluzas

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andaluzas-15Las elecciones andaluzas son las primeras del agitado calendario electoral de este año. La débil alianza entre socialdemócratas y comunistas ha pasado a mejor. Descanse en paz. ¿O quizá volverá a resucitar si las cuentas de escaños y futuribles coaliciones no salen? Se están barajando muchos porcentajes de cara a la posible composición del Parlamento Andaluz, pero no hay nada seguro. Si bien hay una serie de cuestiones que no se deben desdeñar y que se pueden afirmar con seguridad de cara a los resultados.

En primer lugar, la entrada de Podemos y Ciudadanos con cierta capacidad de maniobra en la cámara autonómica. Esto demuestra que el desencanto existente en la sociedad española también ha calado entre los andaluces, que no son precisamente los menos perjudicados por la crisis económica. Además, se plantean como alternativa a fuerzas políticas como IU o UPyD que han intentado mostrarse como opciones al bipartidismo. Por otro lado, Podemos entra en una situación difícil, ya que tendrá que elegir entre gobernar con algunas de las antiguas fuerzas -de la casta en su idioma- que han estado en el poder, o mantenerse en la oposición.

En segundo lugar, el bipartidismo ha demostrado que pese a su desgaste, resiste en la comunidad andaluza. Mientras que, el candidato de los populares cree que este es su momento, nadie sabe cómo y probablemente ni él lo intuya, ya que sus únicas salidas pasarían por un pacto con el PSOE o Ciudadanos. Lo que implicaría tanto en un caso como en otro, comerse sus propias palabras sobre el “cambio” -gran proclama de la derecha paradójicamente- y la corrupción. Mientras que, Susana Díaz seguiría presente como la líder de la formación victoriosa, aunque no contase con los escaños necesarios para formar gobierno.

Mientras que, formaciones como IU de Andalucía serían víctimas de sus propios actos. No es posible coquetear con Podemos a la par que se retiran del gobierno con los socialistas. En política y en la vida, no se puede estar en todos los sitios. Y es que, a veces el menú de opciones puede ser autodestructivo si no se maneja con cuidado. Una auténtica pena, teniendo actualmente uno de los líderes nacionales mejor valorados y más jóvenes como Alberto Garzón.

Partidos de la nueva y la vieja política

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Cinco procesos electorales, una crisis económica que no acaba y una caída del bipartidismo son tres factores que definen el actual panorama político español. Este horizonte permite plantear la hipótesis de que se ha iniciado una nueva etapa con el descalabro de los dos partidos dinásticos (PP y PSOE) y el ascenso de nuevas opciones en el mercado electoral. Probablemente, los populares y los socialistas no serán los protagonistas de la próxima legislatura, dando paso a lo que se podría llamar como una nueva ola. Una nueva ola de partidos donde sus cuadros están compuestos por personas que han nacido en la democracia y han crecido en libertad frente a las viejas guardias que vivieron el franquismo y la Transición.

Independientemente de la realidad política efectiva, PSOE y PP, junto a formaciones como CiU, han quedado asociados en el imaginario colectivo con la corrupción y la desconfianza en la clase política. Mientras que, nuevos planteamientos como los defendidos desde Ciudadanos, Podemos y Ganemos intentan plantear una alternativa a la política gris, es decir, a los errores del pasado. Será el futuro quien corrobore si efectivamente esas palabras se traducirán en hechos. De lo que no cabe duda y las encuestas hablan es que esta es la imagen que la ciudadanía española en general tiene de la política. La sustitución de viejas élites corrompidas por una nueva generación que aún no ha probado el poder en su máximo esplendor.

Es tarea ardua en otros casos, como IU, UPyD o Equo definir si pertenecen a la vieja o la nueva política debido a que combinan elementos de lo nuevo y lo viejo. Si bien, grupos como Podemos y Ganemos que han acusado a la tradicional izquierda -PSOE e IU- de ser parte de la casta, de culpabilizarlos de sus errores, ya han sellado pactos con estas formaciones en el nivel de gobierno municipal y autonómico, creando una suerte de “frente popular”. Y lo paradójico es que las cuentas no salen en las generales para un gobierno en solitario. En este contexto, habrá que ver si las coaliciones de gobierno se basan en la ideología (de derechas o de izquierdas) y por tanto, habría un pacto entre la vieja y la nueva política, perdiendo credibilidad dicho discurso de la limpieza política; o si por el contrario, esos pactos se sustentarán en los nuevos partidos frente a los otros. Sea cual sea, se traicionará el discurso o la ideología, ya que será necesario un sacrificio para los partidos que aspiren a gobernar.

Enfado con el CIS

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El Centro de Investigaciones Sociológicas, lugar en el que el arribafirmante trabajó y permaneció durante 2013, ha vuelto a dar de qué hablar. Las últimas encuestas parecen que no han gustado a muchos, principalmente a los votantes del PSOE que pasa a ser tercera fuerza por detrás de PP y Podemos. Al respecto, se ha hablado de “cocina” y de las típicas críticas con las que se tildan a las encuestas. No obstante, esta crítica en la mayoría de las ocasiones viene fundada por el desconocimiento de elaboración de una encuesta, la selección de la muestra y el análisis de los datos. Por ello, es adecuado alumbrar algo de luz al proceso de producción de estos suculentos aportes de información en años de agitación electoral como el que se presenta.

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La elaboración de la encuesta representa un proceso que incluye el diseño, formulación de las preguntas y disposición de las mismas. Al respecto, la mayoría de las preguntas del CIS se han mantenido con la misma formulación a lo largo de más de tres décadas. Por eso, es posible obtener series o muestras gráficas de la evolución de los datos de una misma pregunta a lo largo del tiempo. Desde el momento en que se formuló por primera vez hasta la última que se ha realizado al respecto. Todo ello, resultado del trabajo de departamento de Banco de Datos. Por lo que, difícilmente se puede hablar de “cocina” en la fase de diseño y elaboración de la encuesta. Lo mismo pasa con el ámbito de la muestra, que sigue unos protocolos y unos patrones que se han mantenido constantes a lo largo del tiempo.

Por último, la fase de análisis de resultados es dónde se suelen general las discrepancias. Cuando se construyen las previsiones electorales a partir de datos como ubicación ideológica, recuerdo de voto o intención directa de voto, se elaboran varias decenas de modelos predictivos por parte del personal técnico. Por otro lado, para los profanos en el mundo de las encuestas, estos modelos suelen ser secretos celosamente guardados, de la misma forma que se protege la patente de un software o de un motor de automóvil. Si bien, con una escasa protección jurídica, ya que no existe legislación para protegerlo mediante un sistema de patente. Además, estos modelos suelen ser el producto de un trabajo técnico y elaborado por profesionales del sector con décadas de experiencia a sus espaldas. Ahora bien, son un reducido grupo de personas los que seleccionan el modelo que más se ajusta a la realidad entre todos los disponibles. Y es en esta última fase dónde se produce la supuesta “cocina” que obviamente todos los gobiernos intentan aprovechar para favorecer a su partido.

En definitiva, la cocina es algo que no afecta a las fases de diseño, muestreo, realización ni análisis de los datos en una encuesta electoral. Al contrario, la cocina está en la selección del modelo predictivo que se selecciona a partir de dichos datos y en el equipo de sujetos que participan en dicha decisión. Todo lo demás, queda en el ámbito de la crítica barata.

Ciber-optimismo y ciber-pesimismo en la comunicación local 2.0.

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La intervención de los actores políticos transnacionales en el ámbito local es algo que está a la orden del día. Y esto ha sido posible gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. ¿Qué tipo de consecuencias han tenido estas tecnologías en manos de dichos actores y de otros en el entorno municipal? ¿Se puede hablar de una mejora en la articulación de movimientos sociales en el ámbito más próximo al ciudadano o por el contrario, es una forma de mejorar el control de los súbditos?

En torno a las nuevas tecnologías, las redes sociales y sus efectos como instrumentos articuladores de grupos y colectivos que traspasan las fronteras nacionales existen un debate sobre si fomentan la democracia o al contrario, tienden a favorecer la división y la fragmentación de la sociedad como sostienen autores como Ramón Cotarelo, José Antonio Olmeda y Manuel Ricardo Torres. Es lo que ha venido en llamarse en postura “ciber-optimista”, quienes consideran que estos instrumentos favorecerán un aumento de la democracia y de la participación de los ciudadanos organizados a través de las redes de la aldea global; y “ciber-pesimista”, que postula que estos artefactos tecnológicos favorecerán los mecanismos de opresión de las élites político-económicas y de las instituciones sobre la sociedad cada vez más dispersa en el espacio cibernético y no conectada físicamente.

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Al respecto, Torres Soriano en un reciente artículo publicado en la Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos señala que ambas posturas simplifican sus suposiciones “porque provenienen de cosmovisiones sobre Internet y sus efectos, a partir de metáforas que no encierran adecuadamente la naturaleza de esta tecnología ni el comportamiento de quienes la utilizan”. Teóricos como Steven Lukes señalan que estas redes aunque favorecen el control de los poderes tienden cada vez más a fragmentar la sociedad en pequeños grupúsculos, lo que dificultad la coordinación de grandes masas.

El debate está servido en este sentido entre ciber-optimistas y ciber-pesimistas. Independientemente de esta polémica teórica, es innegable que las nuevas tecnologías han favorecido la creación de actores nacionales e internacionales con implantación local. Entre estos actores están los movimientos antiglobalización, las redes culturales e identitarias locales y el movimiento de indignados. Unos agentes que han entrado en juego en los municipios españoles. Por otro lado, los mismos líderes y los partidos políticos locales se han insertado con mayor o menor éxito en las redes sociales, sabiendo que es un nuevo espacio desde el cual pueden llegar a más ciudadanos y se abaratan considerablemente los costes de una campaña electoral clásica.

Esto ha tenido un efecto realmente importante para los partidos más jóvenes como Podemos, Ciudadanos, UPyD y Equo, entre otros, debido a que conectan con un nuevo tipo de electorado y tienen un recurso de comunicación que no tendrían de otra forma debido a sus reducidos recursos económicos en comparación con otros. Por lo que, no sólo ha mejorado la implantación de determinados actores ajenos a lo local, sino que ha creado nuevas élites políticas como respuesta a una época de descrédito de los partidos políticos tradicionales.

El fraude magenta

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Propuesta sobre la mesa una posible alianza entre Ciudadanos y UPyD de mano de Sosa Wagner y bien acogida por Rivera y Nart, ha sido bien desechada por la dirección de Rosa Díez. O mejor dicho, por la misma Rosa, que se justifica afirmando que su partido podría sufrir si se convirtiese en una coalición centrista al modo de la antigua UCD. El arribafirmante se desconoce si Rosa se observa a sí misma como una reencarnación de Adolfo Suárez o alguna suerte de figura mítica que separa las aguas (PP y PSOE) de un mar (bipartidismo). Con sinceridad, UPyD reúne entre uno de sus factores de constitución propiciar a Díez el liderazgo que no pudo tener tras su derrota ante Zapatero como Secretaria General de los socialistas.

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Todo esto es prácticamente absurdo y probablemente Ciudadanos obtenga una cuota de los votos de UPyD ya que son barcos que pescan en el mismo caladero. Por su parte, el partido de Rivera ha tejido una estructura interna que funciona de un modo más eficaz en términos de rendimiento político que la ola magenta. A lo largo de su creación, Ciudadanos ha trabajado con un estilo pactista creando redes con pequeños partidos regionales y de similar posición ideológica, además de disfrutar de una transparencia intachable en comparación con otros partidos de la nueva ola como UPyD y Podemos.

Ahora si bien, queda una pregunta en torno a la cuestión de UPyD. Hemos visto como en los últimos diez años han aparecido una serie de partidos que independientemente de su ideología suponen una alternativa al tradicional bipartidismo. Hablamos de Ciudadanos, Equo, Ganemos y Podemos, entre otros; que responden a esos valores postmaterialistas como el bienestar individual, la transparencia o la recuperación del valor del sujeto en la participación política. La pregunta que es difícil de responder es si UPyD pertenece a esta nueva ola, o si simplemente es una marca blanda de los otros dos partidos-cartel.

El pulso de Wagner

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Desde algunas voces de la militancia de UPyD, se promueve una posible coalición o unión con Ciudadanos (Ciutadans) de Albert Rivera y Javier Nart. Eso mismo ha hecho saber Sosa Wagner a la omnipresente Rosa Díez, que ya observa como su proyecto político era algo necesario en el ámbito nacional, pero que adolece de un peso draconiano con su liderazgo personalista. A la par que, han surgido otras fuerzas política que reclaman una vuelta al socioliberalismo, lejos del ultra-nacionalismo del PP y de la izquierda no dogmática que surge como alternativa a los tradicionales PSOE e IU.

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En poco tiempo, Ciudadanos ha demostrado un empuje considerable gracias a la volatilidad de votos del centro-izquierda y centro-derecha, cansados del status quo. Lo cual se ha observado en las recientes elecciones europeas y probablemente se acentúe en los próximos comicios nacionales. Ya en un primer momento, este partido intentó acercarse e integrarse en la ola magenta, pero la postura de Díez impidió esa operación en tres ocasiones distintas. Paradójicamente, los eurodiputados de ambos partidos se han integrado en el mismo grupo parlamentario y tienen posturas similares en la mayor parte de los temas. Por lo que, no tiene sentido que existan dos marcas para lo que hipotéticamente es el mismo producto político, por mucho que su lideresa diga que “no son lo mismo”.

Teniendo en cuenta que Ciudadanos y UPyD ocupan un espacio similar en el vértice izquierda-derecha y en el mercado político, es una cuestión estratégica el pensar si dividir o sumar. Y desde el primer partido, se abren las puertas una vez más a la negociación según declaraciones de Albert Rivera y Matías Alonso. La estrategia pasa por observar si finalmente Díez prefiere las siglas de su partido o alcanzar una representación mayor que además ayude a la regeneración política. Y si la regeneración política lo exige, será necesario poner en segundo lugar las siglas, cosa distinta que no se puede decir de Podemos, dispuesta a absorber a cualquier competidor.