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De emulaciones y de simulaciones políticas

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Hace casi un año, el arribafirmante tuvo el placer de escribir sobre un particular sujeto que copó la lista socialista por la capital hispalense en las últimas elecciones municipales. El cual había desarrollado una espléndida carrera política desde su infancia universitaria y que ahora sorprende con una simulación parlamentaria con motivo de la efeméride de la Constitución Española de 1812. Aquella que las Cortes de Cádiz auspiciaron durante el duro asedio de las tropas napoleónicas. Y por lo visto, todo sigue igual.

Los expertos en élites, especialmente pluralistas y neomarxistas, señalan que alrededor de las instituciones también existen una serie de actores como son las corporaciones, agrupaciones cívicas y los colectivos sociales que viven anexas a la competición política. Y que dice Panebianco, suelen ser el caldo de cultivo y las canteras de los futuribles arribistas y políticos profesionales. O en palabras de Schumpeter, el lugar donde preparar a la futura élite que competirá por el poder frente a una ciudadanía de borregos.

En esta línea, nace este proyecto de ejercicio político para jóvenes universitarios distinto a otros existentes, véase la Simulación del Congreso Español que realiza la Universidad Pablo de Olavide o la Simulación del Parlamento Andaluz en Ronda. Ahora si bien, esta iniciativa tiene un marcado carácter clasista y elitista. A diferencia de otras, su objetivo no es formar a los titulados en democracia, sino preparar cabezas que dirijan al ganado del mañana.

Para ello, la entrada en esta actividad requiere de la carta de motivación de dos docentes y la demostración de un liderazgo sobresaliente en la participación universitaria. Este último requisito no lo termino de comprender, pero que posiblemente se refiera a ostentar cargos representativos y corporativos en el ámbito estudiantil. De esta forma, este ejercicio no viene a renovar la extracción de élites, sino más bien a aumentar el carácter clasista y separatista de los políticos profesionales frente a la ciudadanía. No obstante, todo no son malas noticias, me consta que este mismo mes se celebra la Simulación del Congreso Español en lo que por fortuna lo único que se pide es el pago de la cuota de alojamiento, amén de referencias de profesores, políticos y otros diletantes.

Juventud por el cambio

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La Simulación del Congreso Español ha cumplido su tercer año. Esta iniciativa que realizan estudiantes de la Universidad Pablo de Olavide en la capital hispalense asienta aires de asentamiento. Ya es una niña grande que ha aprendido a andar por sí sola, como ha dicho uno de sus primeros creadores, y va camino de proseguir. Aún, en estos tiempos de crisis económica ha podido llevarse una vez más a cabo gracias al apoyo de las instituciones y especialmente al trabajo desinteresado de sus organizadores.

Para muchos jóvenes, esta simulación es un ejercicio de participación y convivencia para ponerse unos días en la piel de un diputado. En algunas ocasiones, para pensar y defender ideológicamente posturas que no son las que el sujeto defendería en su vida ordinaria. Para algunos otros, una escuela para aprender las prácticas políticas y el funcionamiento interno de la institución legislativa.

Esta simulación no es el único simulacro de práctica política para jóvenes. También existen otros como la Simulación del Parlamento Andaluz que se realiza anualmente en Ronda y de las Naciones Unidas en Barcelona. La cuestión está en que muchas pecan de emulaciones simuladas, es decir, de ser la cantera de auténticos políticos y convertirse en corralillos para una prematura élite. Élite en la que muere la participación y la apertura y los señoritos de siempre, de un partido y de otro, hacen lo de todos en lo suyo.

La Simulación del Congreso Español como mínimo común denominador, es un juego de rol dirigido a la transformación política y social. Con la esperanza, que las generaciones nacidas en democracia aprendan y mejoren la dinámica política que a día de hoy tanto limita. Y ahí, es donde ejercicios como estos deben ser potenciados y apoyados para mejorar la calidad democrática de nuestra clase política.