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Podemos sólo se reajusta, no se fractura

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El arribafirmante ya ha dejado clara en más de una ocasión su postura frente a Podemos. No obstante, es preciso tomar distancia con respecto a lo que está sucediendo últimamente en este partido. Un análisis en profundidad alumbraría cómo esta formación está experimentando las dinámicas que otros tantos partidos han vivido y viven. Más allá de los titulares sensacionalistas que hablan de “ruptura”, “crisis” o “fragmentación”, hay que mencionar una cuestión en defensa de Podemos y es que la manifestación de sus conflictos internos es una prueba fehaciente que existe un diálogo interior. Un hecho, que se puede poner en duda en el seno de otras organizaciones del sistema de partidos español.

Monedero ha aparecido, tras su dimisión, como la víctima de una traición política por parte de Iglesias. Si bien, se podría hablar de un desencuentro entre dos perfiles de militantes distintos. El primero, representa el teórico y crítico de lo que ha venido en llamar como el “régimen del 78”. Es incuestionable el perfil intelectual y se podría decir que hasta fanático de Monedero. Un acérrimo defensor del discurso originario de Podemos. Sin embargo, el viraje dado hacia el centro político por Iglesias para captar mayores votos entre los desencantados y su posición como un partido “atrápalo-todo”, ha implicado una moderación en dicho discurso. Como en política, gran parte de todo se basa en la toma de decisiones dentro de un menú delimitado de alternativas tácticas. Y estas tácticas se definen con acuerdo a los fines planteados.

El equilibrio entre creyentes y arribistas es fundamental en cualquier formación política. Al menos, eso sostiene la teoría de la elección racional de Panebianco. Y en base a esta visión, lo que esté aconteciendo en el interior del partido simplemente sea un reajuste de las posiciones de ideólogos y estrategas. De hecho, los creyentes suelen evitar las primeras filas de acción y quedan en un segundo plano urdiendo las ideas y los programas. Y una prueba de ello, es que Monedero ha renunciado a sus cargos, pero no a su militancia, reivindicando su lugar como intelectual de la formación.

Las cofradías, agencias de reclutamiento político

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La cuestión sobre la desconfianza en la clase política en particular, y en la política en general, está en el candelero. Se denuncia su corrupción, su formación, su egoísmo, su ambición y muchas más efemérides de los siete pecados capitales. Aunque, parece tarea ardua reconocer que cada sociedad tiene los políticos que merece y que ella misma los produce. Y ahora que termina la Semana Santa, no estaría de mal hablar de las cofradías y su relación con las élites políticas, porque de esto hay mucho que hablar; y los hermanos prefieren callar.

Una primera mirada histórica en los dos últimos siglos descubre como en la mayoría de los países europeos, las élites políticas han tenido sus propios centros de extracción de sus miembros. Citemos las logias masónicas como bases del reclutamiento político en Francia e Inglaterra, los sindicatos en los países del Centro de Europa, los clubes sociales en el mundo victoriano y los ateneos en Alemania y Austria. Sin embargo, en España comenzaba una tendencia en torno a mediados del siglo XXI y que culminaría con la instauración de la democracia de finales del siglo XX: el recurso a las hermandades como lugar de selección de futuros candidatos políticos.

En sus inicios, las cofradías proceden de un sentimiento de devoción del pueblo hacia las imágenes santas, de las que estuvieron mucho tiempo apartados por el poder eclesiástico. Ahora, las hermandades sirven extraer futuros dirigentes políticos para los partidos y como asociaciones recreativas. Y esto, que muchas veces se le ha achacado exclusivamente a los conservadores es algo que comparten todos lo grupos políticos, véase el caso de Sevilla, Málaga y otros. Lo que nos lleva a reflexionar sobre el sentido social de la pertenencia a una cofradía.

La integración de una persona en una hermandad representa socialmente, en tierras andaluzas, ese hombre virtuoso del que hablaba Aristóteles. Además, el pago de una cuota expresa independencia económica y fidelidad a la organización. Más aún, lo codiciado son lo cargos dentro de la institución como el hermano mayor, vicepresidente o el que tira del burro, por un poner, para demostrar sus capacidades gestoras. Así, dentro de una cofradía se disputan entre sus hermanos por el capital social y las prebendas que puedan obtener con tendencias similares a las de un partido político. Por tanto, constituye un buen lugar para encontrar a arribistas y creyentes, sólo hace falta cambiar la figura del Cristo por la pegatina del partido.

Esta influencia de la cofradías en la vida pública no debe ponerse en relación con la polémica entre política y religión o Estado e Iglesia. Las hermandades han sido separadas del ámbito estrictamente religioso por un intenso proceso de laicización y su componente pagano de culto a la imagen. Lo que debemos especialmente al franquismo y el simbolismo social que dejó para las cofradías en la sociedad, ya fuera por intereses económicos o folclóricos. Y aquí, siguen las generaciones de la clase política usando las cofradías como centros de extracción política. En fin, singularidades de la cultura andaluza.