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Gordillo, ni contigo ni sin ti

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En estos tiempos de crisis, es recomendable hacer autocrítica del “sistema”. Del político, del económico y del social por si quedase alguna duda sobre el hermético contenido de dicha palabra. Y es que es ahora, cuando hay que dilucidar en qué se ha fallado y en qué se acierta. Sin embargo, también es una buena época para la eclosión de iluminados que hagan leyendas de los hechos y epitafios de sus discursos. Lo cierto es que, esta acción es meritoria siempre que se haga defendiendo auténticos ideales y desde una posición ideológicamente correcta.

Las andanzas de Gordillo y los suyos ha sido cualquier cosa menos una leyenda y un epitafio. Ha dado para todo, desde el panfleto popular del ABC de Sevilla hasta la llamada a las trincheras del ala izquierda. Y ciertamente, hay que tener mucho morro y muy poca vergüenza para ser parte del sistema como representante político y a la vez practicar el latrocinio en supermercados para repartirlo a los Robin Hood.

Yendo al asunto, la cuestión no es de si cumple la legalidad o la viola, sino de si está en el lado de la clase política y por tanto da un ejemplo que brilla por su ausencia. O si está del lado de las personas que se oponen al sistema y actúa desde fuera. Lo que es muy cómodo, es ser parte del Estado como alcalde cobrando sus respectivos erarios y después, dedicarse a robar de la forma más cafre y casposa.

Gordillo es un ejemplo, díscolo y esquizofrénico, de que lo que falta en este país sigue siendo coherencia. A la izquierda y a la derecha. Desde Marinaleda hasta Donostia, pasando por Madrid. Nuestra clase política no tiene pies ni cabeza. Afortunadamente, Gordillo es más inteligente que todo eso, porque sus aventuras propias del verso quevediano o de la novela cervantina, hacen que a día de hoy se siga hablando de él en esta columna y muchos otros lugares. Así que, guarden silencio.

La elección de Izquierda Unida

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El resultado electoral de los recientes comicios autonómicos ha dejado una interesante situación de desgobierno para todos los partidos concurrentes. Los populares no han obtenido su profetizada mayoría absoluta, a saber por dos factores fundamentales: el recorte efectuado desde el ejecutivo central y el caduco liderazgo de Arenas. Por su parte, los socialistas han sido los grandes perdedores, reduciendo su número por la volatilidad de votos hacia la derecha y hacia la formación más a su izquierda. En cuanto a IU, son los grandes vencedores al aumentar sus diputados y disponer de la última palabra en la arena política.

Este partido es el triunfante en la batalla, pero no tiene por qué ser el ganador a largo plazo. Pues hablamos anteriormente, de las posibles debilidades que podría acarrear cualquier decisión en su estrategia para la presente legislatura. Y es que, el primer problema que tiene IU es su democracia interna, mucho más auténtica que la que pueda existir en otros partidos. Así, han surgido defensores y detractores entre el apoyo puntual al PSOE para la investidura y los presupuestos; o la formación de un gobierno.

La apuesta por la coalición tiene como precio la Presidencia de la Junta y tres consejerías, posición que apoya Valderas. Aunque, insiste en ir hasta el final en el caso de los ERES. El camino del apoyo puntual está más en manos de Gordillo y Garzón, quienes consideran que un gobierno de coalición podría llevar a la pérdida de votantes fieles y más riesgos de volatilidad en futuros comicios. Y ciertamente, no se equivocan en este último aspecto.

La arista más puntiaguda señala la posible disolución de la formación de Gordillo en el seno de la federación de izquierdas. Más las demandas de otros, por impulsar una suerte de transformación del sistema en Andalucía, que siempre hablando de “capitalismo” nunca hablan de la otra alternativa que es, para variar, el “comunismo”. Y ahora es, cuando entre tantas versiones de proyecto comunista, que si el de Gordillo, el de Garzón, Lenin, Marx, Kautsky, Bernstein, o el de Dios sabe quién; se va a poner en marcha en sus políticas. Por lo que, caemos en el interrogante del auténtico nombre y contenido de su programa, en esencia de izquierda, y que no quiere saber nada con la “derecha” del PSOE.