Nuevos padres, viejos hijos

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Últimamente, mientras el arribafirmante se toma el café medita sobre los hijos que algunos de sus conocidos han tenido. Llegar a la treintena y no ser padre puede hacerse raro para alguien nacido en los ochenta. Tener hijos o no es una decisión personal de cada uno y ya se sabe que cuando se tiene hijos te embarcas en una aventura para gran parte de tu vida y una vez los tienes, ya nada es igual que antes. Sé de amigos que han tenido hijos y que se parecen mucho en la forma de criar y educar a sus niños. De hecho, han llegado casi a convertirse en la misma persona como si se tratara de una siniestra sombra mimética: el uno para otro. Y aunque en algún momento, se vieron las caras, no surgió el amor porque son personas bastante autónomas e independientes. Aún así, podrían haber formado una buena pareja.

Ella es él. Y él es ella. Uno podía ser Jekyll y el otro Mr. Hyde. Lo cierto es que ambos son ambas cosas. Por lo que, tienen más de un punto en común. Los dos parieron una criatura y como guardines celosos de la misma, están siempre con ella, crecen con sus hijas y ellos crecen con la suya. De hecho, cuando la parieron los dos, cada uno la suya, mostraron una tercera vía alternativa al bipartidismo imperante en sus hijas y propiciadores de una auténtica democracia. Ella es de la vieja guardia y él viene de esa amalgama que son los movimientos anti-globalización. Ninguno quiere compartir la tutela con nadie, en un intento por demostrar que los padres solteros también pueden criar a sus hijos como ya hicieron otros.

Ambos padres quieren que sus hijos sean exitosos. A veces incluso pienso, si ambos van a vivir de sus hijos como le pasó al pobre Macaulay Culkin. También esperan que el pueblo en el que vivien confíe en sus hijos, aunque les da igual que en casa sean chavales de confianza. Además, quieren que el niño sea educado y honrado, no como los hijos de los otros que son unos holgazanes y unos delincuentes. Por eso es mejor que estos chicos ejemplares no tengan contacto con los de su quinta, pues había unos crios que le robaban los sobres al cartero y a otro lo pillaron esnifando cocaína con el conductor del autobús. Cosas de la vida.

Y al final, empiezan a aparecer cosas de un chaval y del otro que no dan confianza, como pasa con algunos asuntillos de sus padres. Y es que, el arribafirmante se pregunta si este desmedido amor de sus padres por los hijos no es un poco perjudicial para el resto del pueblo que ve con buenos ojos a los muchachos.

 

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