La multiculturalidad excluyente de la Olavide

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El arribafirmante ha tenido el placer de estudiar en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Un centro de educación superior joven y que destaca por la pluralidad y los avances en investigación. Lo que le ha merecido distintos premios y reconocimientos por parte de distintas instituciones y agentes sociales. Una entidad que además se dice defensora de los derechos humanos e inspirada en el pensamiento ilustrado. También, ha disfrutado de la satisfacción de conocer a buenos amigos y amigas en los años de tránsito por esta escuela. Con los cuales, compartimos algunas palabras y, a veces, alguna cerveza cuando el destino lo permite.

En la Olavide, como la conocen iniciados y profanos, se alienta la participación juvenil y la creación de asociaciones en un entorno de mutuo respeto y convivencia. Y es que, un grupo de estudiantes católicos trabaja actualmente en la creación de un grupo de asistencia religiosa. O lo que tradicionalmente, han sido las labores de educación en la doctrina y de convivencia entre creyentes de una misma confesión. Le comenta un amigo al firmante que desde los entes de gobierno de esta “progresista universidad” se les ha dicho que permanezcan ocultos, que no se les cede ningún tipo de local y que literalmente, palabras de uno de sus vicerrectores “si van a traer un sacerdote para provocar”. Disculpe, un cura provoca como lo puede hacer cualquier otro y también tiene sus labores de atención a los fieles.

A bombo y platillo, esta Universidad promulga el respeto recíproco independientemente de las creencias y valores, ya que se basa en una visión humanitaria de la vida. Se defiende la multiculturalidad como enriquecimiento mutuo entre distintas comunidades y la integración de las minorías como gitanos y excluidos. Una labor loable que vienen haciendo desde hace años. Pero, ahora llega un grupo de estudiantes y los etiquetan como radicales por su creencia. Parece ser que, esta multiculturalidad va de montar una “jaima”, hacerse fotos con indígenas oprimidos, bailar la danza de la lluvia y fumar cachimba con marihuana con la última asociación de lumis. Ahora si hablamos de Cristo es distinto.

Por su parte, el arribafirmante se manifiesta liberal, laico y reniega del mensaje de la Iglesia Católica. Aunque, si algo detesta en absoluto es la violación de la libertad de expresión y la hipocresía institucional, pues decía Voltaire “no comparto tu opinión, pero defenderé con la vida tu derecho a expresarla”. Como antiguo estudiante de este centro, me avergüenza pensar que desde la tribuna académica se defienden los derechos humanos y con mano izquierda a puerta cerrada se defiende una posición excluyente. Como viejo pasante del pasillo de la Olavide, me abochorna pensar que se persigue a un grupo de estudiantes por ser católicos, o musulmanes, o mormones, o budistas y mientras; se ha permitido que el antiguo delegado general cometiese irregularidades en su presupuesto. Esta actitud me produce náuseas.

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