charlie hebdo

Honor y terror

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charlieEl reciente asesinato de doce personas y otras por los terroristas islámicos sigue conmocionando a la sociedad europea. El Viejo Continente que hasta no hace mucho andaba perdido en la política económica de la Unión, ha detenido por un momento su trayecto en el camino de la crisis y ha respirado hondo. Las sátiras de la revista Charlie Hebdo ha provocado tres opiniones claramente definidas: “yo soy Charlie Hebdo”, “yo no soy Charlie Hebdo” y una tercera campaña de los creyentes musulmanes en contra del radicalismo.

Sea como fuere, cabe pensar por un momento, en los ataques que la revista profirió contra distintas instituciones religiosas. Véase el cristianismo, el judaísmo y el islamismo. En ese sentido, la publicación atentó contra el supuesto honor de estas estructuras religiosas y sus creyentes de forma agresiva, algunos de los cuales no están conformes con el atentado cometido. Si bien, podría haberse esperado una respuesta política o jurídica por parte de alguna de ellas. Y los únicos que han respondido, han sido los radicales islámicos. Si bien, podría haberlo realizado a través de los cauces legales previstos por el ordenamiento francés y también podría haberlo hecho cualquiera de las otras.

Desde otra óptica, cuando El Jueves ha atacado a instituciones como la monarquía también ha sufrido otra forma de terror como la censura. Si el mensajero puede dañar el honor, que lo resuelva la ley, pero nadie tiene derecho a matar al mensajero ni a eliminar el mensaje. Pues, tanto la censura de una democracia constitucional como el terror de un grupo de yihadistas son el mismo tipo de instrumento, si bien, con dosis de violencia diferenciada, pero nunca legitimidada. Porque no se puede esperar que la censura sea algo legítimo en una democracia, ni la “guerra santa” algo reconocido por la divinidad o quien sea. Sea cual fuere, no hay lugar para ninguna de las dos en un lugar que se llama democracia.

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Cruzadas: agencia de colocación

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DEU NRW ISLAM KARIKATUREN PROTESTEl islamismo radical expresa un auge de su campaña contra Europa con el atentado cometido en la sede de la revista satírica Charli Hebdo. Los asesinos musulmanes vuelven con una nueva escalada del terror para vengar cualquier afrenta contra Mahoma, su religión o su cultura. Y ya decía Alain Touraine, que el mundo islámico ha sido incapaz de separar política y religión. O mejor dicho, es incapaz de dejar una esfera de la vida humana sin ser regulada por su religión, que como otras tantas, tiene decenas y decenas de escuelas en su interpretación. No es que sea suficiente con respetarlos temerosamente de los soldados de Alá, sino que además habrá que ver cuál de las escuelas islámicas es la que amenaza con mayores castigos para evitar posibles represalias.

Las cruzadas no es un monopolio de Occidente. También el mundo musulmán aspira a convertir mediante la sangre, matar a los paganos y recuperar los lugares sagrados como Al-Andalus. En su absurda y simplista interpretación del mundo no son moralmente mejores que muchos de los ideólogos sionistas o neoconservadores calvinistas “made in USA”. Y entonces, surge la pregunta de si las penurias económicas de Europa junto con esta escalada del terror no volverá a traer otra época oscura. Mientras tanto, algunos intelectuales de nuestra izquierda emiten para televisiones iraníes, un auténtico paradigma de la libertad de expresión.

Y en España, las autoridades de Interior y Defensa se preguntan si hay que aumentar el grado de emergencia. Cuando hace unos días, dos familiares del autor intelectual del 11M amenazaban con hacer estallar un tren. El asco y la repugnancia es lo único que se puede desear a personas que creen que el terror y la desesperación son las únicas formas de hacer política (o religión). Porque ya se sabe que muchas veces, y por desgracia aún, ambas vienen de la mano. No obstante, política y religión ocultan el problema que hay detrás de todo esto, el fracaso económico no sólo de los países europeos, sino también árabes. Como afirma el periodista argelino, Kamel Daoud, la ensoñación de reconquistar Al-Andalus es la alucinación ideológica de una juventud que “sin presente, ni futuro, delira sobre su pasado”. Vuelven las cruzadas (y el paro).