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La revolución por el cambio

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El arribafirmante ha estado unos días pensando en el titular de esta humilde columna. Las oleadas de opositores a los regímenes autoritarios árabes continúan en Marruecos, Libia y Bahrein. El ejemplo de Túnez y de Egipto, aún sin conocer el resultado final, está siendo aprovechado como una coyuntura oportuna para la transformación política y social. Cualesquiera sean los perseguidos por la satrapía sunita marroquí o por el dictador Gadafi, coinciden en la necesidad de cambiar su sistema político. Entonces, surge la duda de quiénes son los responsables detrás de la cortina de humo.

Está la hipótesis de los servicios de inteligencia occidentales y las empresas multinacionales en una cruzada por preparar el caldo de cultivo para sacar tajo. Por un lado, esta apuesta es arriesgada pues es innecesario democratizar un país para explotar desde fuera sus recursos. Por otro lado, Marruecos es un país que históricamente ha mantenido buenas relaciones con Estados Unidos. De hecho, fue el primero en reconocer la independencia de la Confederación.

El temor hacia una movilización islámica y la instauración de teocracias es otra posibilidad en juego. No obstante, muchas de las demandas que se realizan a través de estas movilizaciones son en defensa de la libertad. Podemos citar el Movimiento del 20 de Febrero y de los opositores en Libia. El problema es que los amigos de Marruecos son distintos que los de Gadafi, así como sus enemigos, ni los de la monarquía de Bahrein.

El nivel de vida de Bahrein es muy superior al de Marruecos y Libia, pero no existe libertad efectiva. Libia es un régimen autoritario, pero las necesidades básicas de la población están atendidas. Y Marruecos ni es libre, ni mucho menos tiene atendidos a sus ciudadanos. La cuestión final es que las sociedades de estos países saben que son esclavos y que carecen de libertad auténtica reconocida en un acuerdo constitucional. Todas coinciden en su identidad árabe y que la libertad, lejos de ser una creación doctrinal del liberalismo, es un bien necesario para todo ser humano. La transformación de estas revoluciones está en la creación de libertad, siempre que ningún oportunista lo convierta en un regreso a la tiranía.

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De representante universitario a candidato político

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El politólogo Panebianco habla de un tipo de sujeto que pulula por los partidos políticos y que suele ser bastante habitual. Esta especie de individuo es el arribista, aquella persona divorciada de ideas y enamorada del beneficio que reporta un cargo en lugar de la búsqueda de la mejora del colectivo. También Aristóteles hablaba de la legitimidad de la política que busca el bien común y de la oscuridad de los que buscan en el arte de lo posible exclusivamente el beneficio propio.

El arribafirmante tiene la suerte de conocer la trayectoria de una de estas incipientes criaturas. La cual desde su más tierna infancia política, la de un estudiante universitario, ha hecho maratón político para no hablar de carrera y cuyo nombre por respeto a dicha persona haremos omisión. Este sujeto comenzó como un compañero más de clase con buenas intenciones e ideas y que poco a poco se fueron retirando para mostrar su auténtica naturaleza de máscara.

La criatura en cuestión dio su salto a la vida pública consiguiendo la máxima representación de alumnos en su centro universitario. Para lo cual se deshizo e hizo de quiénes no les eran útiles y se rodeó de aquellos que independientemente de su utilidad le eran fieles. Una vez instalado en la poltrona, la autoridad de la delegación universitaria aprovechó su posición para beneficiarse económicamente, acaparar contactos y crear una imagen etérea. Para ello, las necesidades estudiantiles auténticas quedaron desatendidas y los proyectos mediáticos de actividades prescindibles surtieron su eficacia en las páginas de prensa. Lo cual no tardó en crear una oposición en torno a su persona.

El joven, no contento con lo obtenido, intentó apoderarse de cuantas personas, asociaciones y autoridades estuviesen a su alrededor. Unos cayeron, otros se salvaron. Así, obtenido el favor de los poderes fácticos adecuados dio el segundo paso, coquetear con una opción política rentable. Mientras que, de forma artificial ha mantenido su cargo representativo cuando estatutariamente debiera haber dimitido al perder la condición que lo mantiene ahí.

Hoy, este proyecto de hombre público se posiciona en el número vigésimo primero de una lista política para las elecciones municipales en la capital hispalense. A la par que, mantiene su cargo de representante estudiantil que es incompatible, por principio, con la simultaneidad de su candidatura electoral. Temor inspira el pensar que este producto puede alcanzar su madurez política y sus consecuencias.